¿Por qué nos duele más perder dinero que lo que nos reconforta ganarlo?

Qué hay detrás de la psicología y las inversiones

Uno de los mayores desafíos a la hora de invertir en mercados es el manejo de las emociones. En repetidas observaciones, investigadores como Daniel Kahneman (premio nobel en Economía en 2002) y Amos Tversky (fallecido en 1996), llegaron a la conclusión de que el ser humano tiene intuición bastante desarrollada cuando se trata de poner a prueba el instinto de supervivencia, pero no ocurre lo mismo cuando hablamos de la intuición en el ámbito de la estadística y las probabilidades.

Esto nos conduce a ciertos sesgos que nos nublan la visión y nos pueden llevar a tomar decisiones poco convenientes. Uno de los sesgos principales que se nos presenta en el ámbito de las finanzas es el “miedo” o resistencia a las pérdidas.

Veamos de qué se trata:

 

Para jugar un poco: sesgos en la toma de decisiones 

Ante un conflicto, el ser humano tiende a mostrar una mayor predisposición a aceptar un acuerdo modesto pero seguro, en lugar de arriesgar aún ante la posibilidad de una ganancia mayor. 

Veamos el siguiente ejemplo, imagínese que viene un amigo y le ofrece la siguiente apuesta tirando una moneda al aire:

  • Si sale cara pierde $100
  • Si sale seca gana $150

El valor esperado de la apuesta es claramente positivo. Ante una probabilidad de ocurrencia del 50% de ambos resultados, el valor esperado es -100×0.5+150×0.5, lo que nos da $25. Sin hacer los cálculos, también podemos concluir que podemos ganar más dinero de lo que podríamos perder (el premio de $150 es mayor a la pérdida de $100), con lo cual la apuesta es conveniente.

 

¿Aceptaría jugar? ¿Qué pasa emocionalmente cuando nos toca tomar la decisión?

En base a las observaciones llevadas a cabo por Daniel Kahneman y Amos Tversky, la mayor parte de la gente decidió no participar en la apuesta. ¿Por qué?

Las respuestas emocionales fueron más frecuentes que las decisiones basadas en una evaluación racional de la situación. 

 

Al medir el nivel de “resistencia a las pérdidas”, mucha de la gente que fue encuestada respondió que jugaría si la ganancia era de $200, que representa el doble del monto que se podría perder. Esto refleja exactamente lo que llamamos aversión a las pérdidas.

La explicación psicológica es que la mayoría de las personas percibimos y experimentamos más dolor al perder algo en comparación del bienestar que se produce al obtener un bien. Desde ya que esto es un promedio, está la gente que exigiría $1000 (excesivamente adversos al riesgo) y los que entrarían en el juego aun cuando el valor esperado es desfavorable, menor a $100 (amantes del riesgo).

emociones-sesgos-inversiones-perdidas-trading

 

Inversiones y manejo de las emociones

En las inversiones, el sesgo puede traer como consecuencia mantener acciones con pérdidas aunque no tengan buenas perspectivas de recuperar valor, solo para evitar asumir los malos resultados y el dolor que nos produce venderlas.

Este sesgo también está relacionado con el de arrepentimiento, que implica no hacer nada por miedo a que el accionar nos lleve por el camino equivocado. Por ejemplo, no vender una posición por miedo a que el papel vuelva a subir, aunque las probabilidades de que esto ocurra sean bajas.

Esta situación se dio con acciones de compañías como Nokia (luego de la crisis de las puntocom en 2001) o Citibank (crisis bancaria en 2008), que son casos en los que aún hay inversores que mantienen las acciones luego de años y años sólo para evitar asumir las pérdidas.

Por otro lado, la aversión a las pérdidas puede hacer que el inversor venda las posiciones ganadoras muy pronto por miedo a perder la ganancia ya acumulada.

Este hecho nos nubla la visión a la hora de evaluar la relación retorno-riesgo, que por más de que sea favorable, muchas veces vamos a rechazar buenas oportunidades por el miedo que nos invade a la hora de pensar en las posibles pérdidas.

 

En búsqueda de una posible solución

La idea para quienes tienen un estilo de inversión de largo plazo, es poder focalizarse en las expectativas de revalorización a futuro, manteniendo un comportamiento disciplinado y dando menor importancia a las ganancias o pérdidas circunstanciales. Si suponemos que una acción no dará ganancias a futuro, lo mejor es asumir la pérdida y moverme a otra inversión más rentable.

Lo mejor que podemos hacer en estos casos es tratar de estimar las probabilidades de ocurrencia de los escenarios, calcular el valor esperado y no tomar decisiones basándonos solamente en nuestras emociones o intuiciones.

 

Finanzas tradicionales vs. Finanzas conductuales

Las finanzas tradicionales asumen que todos los inversores son adversos al riesgo, que cuentan con información perfecta y que sus decisiones están enfocadas netamente en maximizar su utilidad. Sobre esta teoría, dicho comportamiento genera mercados eficientes en donde los precios reflejan toda la información disponible para el inversionista. En contraste, las finanzas conductuales que tomaron mayor relevancia luego dela crisis del 2008, buscan explicar el impacto de las emociones y la psicología de las personas al realizar decisiones de inversión.

La conclusión a la que se llega es que los individuos no son racionales: tienen limitaciones cognitivas y sesgos emocionales, así como también que los mercados no son del todo eficientes.

Los precios no siempre reflejan toda la información disponible, por eso es que ocasionalmente se producen momentos de euforia y pánico en los mercados.