Fondos de Inversión

Ezequiel Asensio
DOLARSI.COM
 

Entre las alternativas de inversión que existen en el mercado, sin duda los “Fondos de inversión” ocupan un lugar de importancia creciente.
Para entender él por qué de esa creciente importancia comencemos, entonces, por definir qué es un fondo de inversión.
En honor a la practicidad y claridad de conceptos, lo que se necesita saber es que un fondo de inversión es la consecuencia de reunir el dinero de varios para que un tercero lo administre en nombre de ellos.

Dicho esto, se entiende por qué a los fondos de inversión se los conoce también como “fondos mutuos”.
Cada fondo tiene su propio administrador (también llamado asesor, fund manager, o sociedad gerente); quien es el responsable de decidir las inversiones que se realizan.

Para decirlo de otra manera, los inversores del fondo delegan las decisiones de inversión en su administrador, y participan del resultado obtenido en proporción a su aporte.
Si bien el administrador es quien decide las inversiones que realiza el fondo, éstas deben ajustarse a los lineamientos, filosofía, objetivos y restricciones definidos en el “reglamento de gestión” o “prospecto”. El administrador “debe” respetar el reglamento del fondo.

 

¿ Cómo se calcula la participación y rentabilidad de cada inversor del fondo?

La clave está en las “cuotapartes” (o “shares”) en que se divide el “patrimonio” del fondo.
El Patrimonio de un fondo es simplemente el monto de los fondos (entendido como dinero), o “activos” que administra. También se lo conoce como “tamaño” del fondo.

Digamos, entonces, que el “patrimonio” del fondo está conformado o dividido en cuotapartes cuyo valor surge de dividir ese patrimonio por la cantidad de cuotapartes existentes. En otras palabras, el patrimonio del fondo es igual al valor de la cuotaparte multiplicado por la cantidad de cuotapartes. El precio de la cuotaparte es conocido también como Net Asset Value, o simplemente NAV.

El patrimonio se valúa con la periodicidad que establece su reglamento. La frecuencia habitual es diaria. Y para valuar el patrimonio lo que se hace es simplemente actualizar el valor de cada una de las inversiones que posea el fondo en su “cartera” en ese momento. Pero bien, para poder retomar con el concepto de “cuotaparte” veamos cómo se determina la cantidad de cuotapartes en que se divide un fondo. Supongamos que al momento de lanzamiento del fondo, se venden cuotapartes a un precio de, p.e., $1. Si se vendieron 1,000 el fondo arranca con 1,000 cuotapartes y un patrimonio de $1,000. El fondo invierte esos $1,000 y al cabo de un tiempo el valor de esas inversiones es, p.e., de $1,100. Cada cuotaparte valdrá, entonces, $1.10, que surge de dividir $1,100 por las 1,000 cuotapartes. De la misma manera, si el patrimonio fuera de $900 en vez de los $1,100, la cuotaparte valdría $0.90 en vez de $1.10. Y si cuando la cuotaparte vale $1.10 alguien decide “rescatar” – o vender – su tenencia de 100 cuotapartes, el inversor recibirá $110, y automáticamente la cantidad de cuotapartes del fondo se reducirá a 900. Y si suponemos que los precios de las inversiones no se modificaron, el nuevo patrimonio será de $990 y estará constituido por 900 cuotapartes, lo que seguirá determinando un valor de cuotaparte de $1.10.

Pero si en vez de “rescatar” lo que se decide es “suscribir” – o comprar – más cuotapartes de ese fondo el procedimiento es similar, salvo que en vez de reducirse la cantidad de cuotapartes, ésta crece.

Ahora bien: como en toda actividad, el fondo también incurre en gastos para su normal funcionamiento.
Los gastos típicos de un fondo son los gastos del “trading” – o el costo que conlleva la compra / venta de las inversiones -, y los gastos propios de su organización.

Entre estos últimos se encuentran los gastos por los servicios que le presta la sociedad depositaria – o “administrator” – quien es básicamente la responsable de “custodiar” o garantizar al inversor la existencia y “compatibilidad” de las inversiones que realiza el fondo, como así también de calcular el valor de la cuotaparte. Generalmente son los bancos los que prestan este servicio. También se ocupan de los movimientos de dinero que hace el fondo.

Por todo esto la depositaria cobra un “fee” que en algunos fondos es un monto fijo, y en otros es variable en función de su “tamaño”. El gerente también percibe una remuneración – fija o variable – por sus servicios profesionales. En algunos fondos esa retribución se relaciona con el “éxito” de su gestión como asesor. Esta modalidad se la denomina “success fee” o comisión por éxito. En fin. Los fondos incurren en gastos.

Y todos estos gastos son con cargo al fondo, esto es, impactan sobre el patrimonio, y se traducen en un valor de cuotaparte menor.
Por suerte la “competencia” hace que ese impacto sea cada vez más reducido y que los gastos tiendan con el tiempo a minimizarse o neutralizarse. Lo mismo que con las “comisiones” de suscripción o rescate.

No obstante el tema de los gastos internos de un fondo es un punto al que hay que prestarle atención al momento de decidir invertir en uno u otro fondo.

Demás está decir que la actividad de los fondos está sometida al control de instituciones facultadas legalmente para hacerlo. Estos hacen las veces de “veedores” de la actividad y previenen cualquier tipo de problema que pudiera perjudicar a los inversores.

Naturalmente no garantizan la rentabilidad del fondo: sólo la legalidad de su accionar, punto fundamental que, sin dudas, favoreció el boom de la industria de fondos partir de los años 90. Ya sabemos qué son los fondos y entendemos cómo funcionan.

 

¿Por qué decidiría invertir mis ahorros en cuotapartes de un fondo?

Precisamente esta es la pregunta que trataremos de responderte en esta lectura.
Los fondos nacieron en respuesta a una necesidad palpable del mercado como consecuencia de tres fenómenos bien identificados:
a) Por un lado, la permanente sofisticación de las operatorias, y de la cada vez más numerosa y variada cantidad de alternativas de inversión.
b) En segundo lugar, la disponibilidad de ahorros aptos para ser invertidos.

Los fondos son “la” forma de invertir para aquellos ahorristas que no disponen del tiempo necesario como para ocuparse de sus inversiones; o para aquellos cuyo monto de ahorro disponible no le permite controlar el riesgo por medio de una buena diversificación; o para aquellos que se “niegan” a entender sobre inversiones; o para aquellos que sí entienden de inversiones; o para aquellos que nunca antes han invertido y quieren iniciarse; etc., etc., etc.

En definitiva, invertir en fondos es una opción válida para todos. Efectivamente, la gran variedad de fondos disponible en el mercado permite siempre encontrar uno a nuestra medida: los hay aquellos que invierten asumiendo más riesgo, los hay muy conservadores, y por supuesto están los intermedios.

Los hay que invierten en acciones, los que invierten en bonos, o en plazos fijos. O en un poco de todo. No obstante, podemos armar nuestra propia mezcla de fondos de manera de sentirnos más “cómodos” y “tranquilos”.

“Comodidad” y “tranquilidad”, dos ingredientes fundamentales que nunca un inversor debería olvidar. Pero si bien invertir en fondos no es garantía de alcanzar una rentabilidad superior a la del promedio del mercado, sí es una muy buena manera de alcanzar un rendimiento “parecido” al del mercado. Y esto no significa que ese rendimiento sea positivo

 

¿Cómo es esto del rendimiento promedio?

Pues bien, los fondos cuentan con el asesoramiento de profesionales especializados que monitorean y analizan el mercado dándoles a los administradores una “visión” más precisa de lo que ocurre o debiera ocurrir con los precios.

Al mismo tiempo el importante volumen de dinero que administran les permite diversificar las inversiones, esto es, invertir en más cantidad de productos o alternativas que un inversor medio.

En síntesis, invertir en fondos es una buena manera de invertir. Para algunos aburrida. Para otros necesaria, especialmente para aquellos que recién se inician en esto de las inversiones.

Efectivamente, y como en toda industria, el crecimiento vino acompañado de una variedad de diferentes tipos de fondos.

En esencia “fondos”, pero con ciertas particularidades que distingue a unos de otros. Y como siempre, hay varias formas o criterios con el que clasificar en este caso los fondos de inversión.

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