¿La tecnología nos roba la música? | DolarSi

No hay duda que la tecnología está presente en nuestras vidas, incluso más de lo que imaginamos. Lo vemos cotidianamente en nuestra vida personal, con aplicaciones que hacen casi todo lo que podemos desear. También en el trabajo, con sistemas sofisticados que programamos a nuestro antojo. Hasta en el mundo de las finanzas vemos el desarrollo sin límites de la tecnología, con cada vez más funciones disponibles online, monedas virtuales y hasta bancos enteramente digitales.

¿Hay algún ámbito exento de estas transformaciones? ¿El arte quizás? ¿O acaso estamos también perdiendo la batalla por la creatividad?

 

El arte de crear a través del tiempo

Ya pasaron las diez de la noche. Prendo la pequeña lámpara.Ya todos duermen en casa. Elijo algún disco, centro el acetato en el orificio, acerco la púa al surco y la dejo caer. Después de eso, primero Robert Plant y después Jimmy Page me erizan la piel con Black Dog.

Cuentan que los grandes de la música clásica basaban sus composiciones en los movimientos de los pájaros y los ruidos de la naturaleza. Sobre Mozart, James Rhodes en su libro Instrumental nos dice que “empezó a componer a los cinco años, a hacer giras a los seis, sabía hablar quince idiomas, compuso cuarenta y un sinfonías, veintisiete conciertos para piano, numerosas óperas, música de cámara, sonatas, etc.”.

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En los cultivos agrarios de la Norteamérica pujante de principios del siglo XX se vivía una realidad que Billie Holiday describe muy bien en su autobiografía: “Un mundo que hacían los blancos: construían los alojamientos, decidían quién trabajaría en el campo, quién recogería algodón, quién exprimía hierbabuena en la casona. Decidían quién comería qué, quién sería comprado, quién sería vendido”. En el sufrimiento de ese mundo nace el Blues y sus composiciones reflejan las vivencias de una época en la cual las personas de color sufrían la segregación racial.

Miles Davis, considerado uno de los mejores músicos del Siglo XX y uno de los mayores exponentes del Hard Bop en particular y el Jazz en general, decía “Para tocar un sonido, tienes que elegir… elegir la nota más importante. Aquella que fertiliza el sonido, lo que la gente llama las “notas hermosas”. Se trata simplemente de notas fundamentales que tienen que ser tocadas.” Y parece que estas palabras ¡han sido escuchadas!

 

La creación de música en la era de la Inteligencia Artificial

En pleno siglo XXI podemos decir que estamos en una nueva era para la creación musical, una era en la que se sentirían perdidos Mozart y Beethoven, y hasta Billie Holiday y Miles Davis.

Para componer música en esta época de la transformación digital, la Inteligencia Artificial (IA) gana terreno. Ahora el músico ya no se nutre del vuelo de los pájaros ni mucho menos del sufrimiento de una comunidad para hacer una canción.

“Flow Machine” no es el nuevo disco de Slayer, ni un recopilatorio de Pantera. ¡No! Es un proyecto que en base a complicados algoritmos compone canciones.Si, así como estás leyendo. ¡Tomápa´ vos Dylan!

Francois Pachet, uno de los investigadores del proyecto, explica que es necesario “entrenar” a esta IA, lo que “se hace alimentando a los algoritmos con sets compuestos por una selección de canciones. Estos sets los hace una persona que tiene que tener cierta comprensión de la composición de los temas, por lo que es recomendable que sea un músico el que realice esta tarea”.

¡Tranquilos los músicos! La batalla contra el streaming ya la perdieron, pero en la guerra digital esta IA todavía necesita de ustedes. Entonces no hay problema, Dylan seguirá existiendo, podrá disfrutar de sus millones y nosotros de sus hermosas canciones con voz nasal.

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Ah, no, pará… Encontré otro proyecto más tentador, y ahí sí amigo de la Les Paul, tus días están contados.Jukedeck es otra IA que compone música. Aquí el usuario de la aplicación establece los instrumentos que desea escuchar, los momentos de la canción para establecer las sensaciones emocionales y… ¡Magia! ¡Tenemos una canción!

Ed Newton-Rex es el fundador de este proyecto y sostiene que “El usuario básicamente escoge una serie de opciones con las que cualquiera se puede relacionar, esta es una de nuestras metas, que sea lo más sencillo posible para democratizar verdaderamente el proceso creativo”.

Las sociedades avanzan y la tecnología con ellas, muchas veces lo hacen hacia lugares no deseados que nos generan temor a lo que viene. Aplicaciones que saben dónde estamos, que monitorean cuántos pasos damos en el día, que nos retan por no cumplir nuestros objetivos. Atención a clientes por parte de robots, control de stocks, virtualización de las relaciones. ¿Y ahora también van por la música?

El miedo paraliza, dicen por ahí, y cuando no puedes contra ellos únete, dicen por allá. Desde aquí o desde allá hay una vida y un goce, y las relaciones con los otros y el disfrute de lo elemental siempre van a estar presentes.

Emocionarse con una letra de Sting, escuchar el saxo de John Coltrane, tocar la guitarra para conquistar al otro o escuchar esas canciones que nos conmueven, es el refugio de las almas. Y mientras exista sociedad, el arte siempre estará presente en todas sus formas. Como dijo Charly “mientras miro las nuevas olas yo ya soy parte del mar”.