¿Ganar a toda costa? Una reflexión sobre la ética empresarial

Encontramos hoy innumerables ejemplos de empresas que quieren obtener la máxima rentabilidad posible, sin importar las consecuencias. Pensemos en las ultra conocidas marcas de ropa, nacionales e internacionales, que han recibido denuncias por trabajo esclavo.

Si bien nunca está justificado tener empleados en condiciones inhumanas, y ni hablar de contratar menores de edad, cabe preguntarse qué necesidad tiene de hacer esto una empresa que vende cada prenda en mínimo mil pesos, facturando miles de millones por año. La respuesta es simple: para maximizar las ganancias.

ética empresarial
Recital Indio Solari en Olavarría

En un sencillo cuadro de resultados, para maximizar las ganancias la empresa puede intentar vender lo más posible, aún recurriendo a campañas publicitarias sucias o engañosas, y puede también buscar reducir los costos al mínimo necesario, aunque implique malas condiciones de trabajo, baja calidad del producto o contaminación ambiental, por ejemplo.

El camino que eligen muchas empresas es una combinación de estas dos alternativas: vender lo máximo posible y al mismo tiempo gastar lo mínimo necesario.

La avaricia y la codicia están tan internalizadas en nuestra sociedad que hasta tienen lugar en el mundo de la música, como lamentablemente observamos en el recital del Indio Solari. ¿Es posible que con el objetivo de maximizar las ganancias no garanticemos la seguridad de la población y hasta contribuyamos a que haya accidentes o muertes? Tristemente sí, es posible.

El respeto por las normas legales y la ética parece habernos abandonado como sociedad.

 

Ética empresarial y social

¿De quién es la culpa y la responsabilidad de generar un cambio? Yo creo que de todos. Obviamente que actores con mayor poder de decisión, y cuyas decisiones tienen un mayor impacto en la conducta de la sociedad, tienen más posibilidades de promover cambios. Sin duda que el Estado tiene que cumplir con sus funciones: educar, normar, asistir, habilitar, controlar y sancionar.

Las empresas deberían sostener y promover valores éticos, dentro y fuera de sus puertas, y contribuir activamente con la mejora de la sociedad. Limitarse a ver el cuadro de resultados no alcanza. ¿Cuál es el cuadro de resultados de uno de los jóvenes muertos en el recital o el de un afectado por la contaminación de una minera?

Pero también algo de responsabilidad nos cabe a todos, como usuarios, como consumidores, como ciudadanos. Comprar ropa que sabemos es fabricada con explotación no debería ser una opción para nadie. Lo importante es saber que cada uno, desde el rol que le ha tocado en la sociedad, puede colaborar.

La educación sin duda juega un papel importante: tanto en el hogar, como en la escuela y en la universidad, los jóvenes reciben las bases de sus futuros valores éticos.

Por ejemplo, yo como docente de la Universidad de Buenos Aires, tengo la obligación de mostrar a mis estudiantes de Ciencias Económicas que el análisis del cuadro de resultados debe complementarse con otro análisis, mucho más profundo: ¿Cuáles son los valores que deberían constituir la base del accionar de las compañías que dirigimos o en las que trabajamos?

Conocer las consecuencias de nuestros actos es el primer paso para cambiar.