El
canje pone a los ahorristas en un dilema: elegir entre riesgo-Estado
y riesgo-bancos. Y en ningún caso hay una seguridad
absoluta de que se podrá cumplir con los compromisos.
Con
los bonos que está por lanzar el Gobierno, para cambiarlos
"a voluntad de la gente" por los depósitos
que hoy están dentro del corralito, ocurre algo notable:
no les gustan a nadie. Simplemente porque no convence demasiado
la idea de quedarse con un papel de un Estado en cesación
de pagos.
Ni
siquiera el lejano recuerdo de los Bonex 89 (entregados en
forma compulsiva en diciembre de 1990 a los titulares de plazos
fijos) funciona como estímulo. Esos papeles arrancaron
cotizando a menos del 30% de su valor, pero luego, gracias
al crecimiento que le dieron a la economía los primeros
años de la convertibilidad y las privatizaciones, devolvieron,
con creces, el ahorro original de los depositantes.
Ahora
el panorama es distinto. Escasea la confianza en que el Estado
pueda devolver los bonos. Eso sí: tampoco abundan los
ahorristas que confíen ciegamente en que, manteniendo
el depósito reprogramado dentro del banco, puedan llegar
a recuperar el dinero allí atrapado.
En
el propio Gobierno admiten que todas las fichas están
puestas en el bono en dólares a 3 años de plazo.
Este papel se entregará al tipo de cambio $ 1,40 a
los mayores de 75 años de edad, a los ahorristas con
graves problemas de salud y a quienes su depósito lo
conformaron con dinero proveniente de indemnizaciones.
Pero
el resto de los ahorristas (con ciertos límites, ver
infografía) podrán buscar comprar este bono,
a través de un mecanismo de licitación. Los
especialistas dicen que este papel tiene, como principal atractivo,
el precio de venta. "Comprar un bono en dólares
a 1,40 peso, cuando el dólar está a 3,60 en
el mercado, es una tentación", señaló
un consultor. La contra, claro, es que hay que confiar en
que de acá a tres años, el Gobierno disponga
de los dólares correspondientes, cuando el papel llegue
a su vencimiento final.
La
expectativa del Gobierno, el Banco Central y las entidades
financieras están puestas en este papel porque podría
absorber mucho dinero que hoy está en "cuentas
a la vista" (cajas de ahorro y cuentas corriente). Se
trata de fondos que hoy afectan la liquidez de los bancos
y que solo buscan convertirse en dólares, presionando
sobre la cotización de la divisa.
Con
argumentos "de manual", ciertos analistas recomiendan
quedarse con el bono a 10 años en dólares (que
también se venderá a 1,40 peso) para casos en
que por la edad, el ahorrista se pueda permitir esperar hasta
el 2012 para hacerse de sus ahorros. En verdad, lo que se
especula es que con el tiempo vayan apareciendo nuevos usos
posibles para estos bonos, empezando por la cancelación
de impuestos no vencidos, por ejemplo.
El
bono en pesos, a 5 años de plazo y que ajusta su capital
por el CER, es el que menos atención suscita. En principio,
porque no se espera que, con indexación por inflación
incluida, esos pesos puedan mantener su valor frente al dólar.
En
cualquier caso, las recomendaciones chocan contra una realidad
incontrastable. "Es difícil hacerlas porque son
bonos que estarán muy ligados a lo que pueda ocurrir
no ya en los próximas meses, sino en las semanas que
están por venir. Y así no se puede hacer un
análisis serio".
El
problema que no pocos analistas ven en la manera en que se
está reglamentando esta operatoria es que los fondos
reprogramados que no se conviertan en títulos públicos
tendrán menos valor de mercado. Esto es: todos los
depósitos se transformarán en Certificados de
Depósitos Reprogramados (Cedro). Y su aplicación
para la cancelación de créditos quedará
seriamente restringida: los bancos deberán sí
o sí aceptar esos Cedro para la cancelación
de créditos hipotecarios tomados en su origen para
la compra de vivienda única y permanente, y para créditos
personales.
Pero
se acota la posibilidad de usarlos para la cancelación
de otro tipo de créditos (empresarios, por ejemplo),
ya que sólo se podrán saldar deudas que venzan
después que los plazos fijos reprogramados. Y las deudas
empresarias tienen vencimientos mucho más cortos que
los Cedros, que vencen, su mayoría, más cerca
del 2005.
¿Qué
significa esto? Que habrá menos demanda para la compra
de plazos fijos (o Cedros). Porque cotizarán a un valor
mucho menor que el que hoy se paga por los plazo fijo reprogramado
(alrededor del 80% de su valor en pesos). Estas restricciones
están pendientes de la reglamentación definitiva
del BCRA. Por eso hay quienes siguen recomendando, pese a
todo, vender los depósitos y hacerse del efectivo antes
de que eso ocurra.